Por Augusto Álvarez

Es imposible esperar que un funcionario visite un mercado.

La gran prensa no ha logrado captar en cámara a ningún funcionario comprando en un mercado de expendio de alimentos.

Y sería muy importante que él o los que ocupan funciones en la administración pública verifiquen la dramática realidad de los precios de los productos de la canasta familiar.

Ver en un supermercado a un indigente es imposible, pues correría el riesgo de ser confundido con un asaltante; el lugar asignado para él es el mercado de la terminal, el colmado o pulpería, conforme al razonamiento de los adinerados.

Incluso, algunos figurines que ascienden económicamente al lograr un nombramiento en el Estado ni siquiera al supermercado van, pues ordenan a los establecimientos y, vía mensajería, obtienen sus alimentos.

Naturalmente que existen excepciones. Si un alto funcionario se deja ver en el establecimiento (que ya le espera), el parqueo para él y sus acompañantes está reservado.

Así funciona el mundo de la mediocridad cuando se “asciende” económicamente en la administración pública.