WASHINGTON.-El 30 de marzo de 1981, el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, fue víctima de un atentado a tiros que conmocionó a la nación y puso en alerta a todo el aparato de seguridad del país.
Reagan, quien había asumido la presidencia apenas 69 días antes, fue atacado a la salida de un hotel en Washington, D.C., cuando John Hinckley Jr. abrió fuego contra él. Una de las balas rebotó en la limusina presidencial e impactó en el mandatario, perforándole un pulmón y provocando una grave hemorragia interna.
En el ataque también resultaron heridos el secretario de prensa de la Casa Blanca, James Brady; el agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy, quien se interpuso para proteger al presidente; y el oficial de policía Thomas Delahanty.
Consecuencias y recuperación del presidente
Reagan, quien antes de su carrera política fue actor de Hollywood y gobernador de California, se convirtió en el 40.º presidente de Estados Unidos en 1981 y es recordado por su papel clave en el tramo final de la Guerra Fría y por impulsar políticas económicas conocidas como «Reaganomics«.
El atentado ocurrió 18 años después del asesinato del presidente John F. Kennedy, un hecho que aún permanecía muy presente en la memoria colectiva estadounidense, lo que aumentó la conmoción nacional ante el ataque contra Reagan.
- Tras ser sometido a una cirugía de emergencia, el mandatario logró recuperarse y retomó sus funciones, fortaleciendo incluso su imagen pública por su resiliencia y sentido del humor durante la crisis.
Por su parte, Hinckley fue declarado no culpable por razones de demencia y recluido en un hospital psiquiátrico durante décadas, hasta que en 2016 obtuvo la libertad bajo estricta supervisión.
Años más tarde, en 2014, Brady falleció como consecuencia de las heridas sufridas en el atentado, convirtiéndose en una de las víctimas más recordadas de aquel episodio que marcó la historia política contemporánea de Estados Unidos.


