miércoles, abril 29, 2026
Google search engine
InicioINTERNACIONALESNuevo atentado en Colombia: furgoneta explota en la vía Panamericana y afecta...

Nuevo atentado en Colombia: furgoneta explota en la vía Panamericana y afecta movilidad en la zona

BOGOTA. La imagen de militares apostados a lado y lado de una carretera en Colombia se repite una y otra vez, como se repite, cíclicamente, la violencia misma. En el Valle del Cauca, en el suroccidente del país, las principales vías permanecen militarizadas.

En medio de los ataques terroristas atribuidos a las disidencias de las extintas FARC que tras cinco días no dan tregua, el Ministerio de Defensa anunció el refuerzo de 150 uniformados para custodiar los corredores viales de la región. Sin embargo, las medidas no han sido suficientes ante la escalada de violencia. Este martes, hacia finales de la tarde, se presentó un nuevo atentado en la zona rural de Santander de Quilichao, en el norte del Cauca. Un vehículo tipo furgón explotó sobre la vía Panamericana, el corredor clave que comunica la región. Hombre armados habrían emboscado un camión para luego incinerarlo.

El patrón se repite. En la noche del lunes, hombres armados incineraron tres vehículos en Dagua, un pequeño pueblo ubicado en la vía que conecta a la ciudad de Cali con Buenaventura, uno de los principales corredores viales del país por la comunicación de su tercera ciudad con el puerto marítimo más importante. Aunque no hubo lesionados, la sensación de terror, desgobierno y angustia se mantiene en una región que conoce bien el lenguaje de la guerra.

Una noche antes, el domingo, hombres armados incendiaron un camión que transportaba pollos vivos en Jamundí, un municipio cercano a Cali. La comunidad del sector, llamado Río Claro, intentó salvar a los animales mientras el vehículo se consumía entre las llamas. Durante toda la noche y buena parte del lunes, el paso entre la capital y ese pueblo permaneció intermitente por esa acción terrorista.

Más temprano, en el corregimiento de Timba, también en Jamundí, circuló información por WhatsApp que alertaba de una bomba que había sido ubicada al lado de la Institución Educativa José María Córdoba, una escuela rural a la que asisten unos 110 niños. Nadie sabe cómo ni quién empezó el rumor, pero el terror de la comunidad fue inmediato. Aunque la alarma era falsa, varios colegios de la zona tienen cerradas sus puertas por seguridad.

El miedo no es gratuito. El sábado, cuando el país no terminaba de procesar varios ataques terroristas en cascos urbanos, explosivos estallaron sobre un bus intermunicipal en el que viajaban personas en la zona de El Pedregal, en Cajibío, centro del Cauca. Es el atentado más atroz contra civiles de las últimas décadas. Al menos 20 personas han muerto por el atentado y otras 36 resultaron heridas.

El ataque ocurrió sobre la vía Panamericana, uno de los corredores viales más importantes del continente, que se extiende desde Alaska hasta el extremo sur, en Argentina – con la excepción del Darién, entre Colombia y Panamá. El dolor de esa noche terminó condensado en la voz entrecortada del periodista Fernando Rojas, reportero de Noticias Caracol, quien se quebró en plena transmisión nacional mientras intentaba explicar la nueva ola de violencia que golpea a su natal Cauca.

Los ataques en distintas zonas del suroccidente del país no son hechos aislados. Como ha ocurrido en otros momentos, como entre marzo y abril de 2025, son auténticas vísperas de terror. La primera señal de alarma esta vez se sintió en Cali en la mañana del viernes. Esa día, hombres armados intentaron lanzar cilindros bomba contra el Batallón Pichincha, uno de los complejos militares más importantes de Colombia. Solo uno explotó, pero bastó para que el estruendo atravesara una zona rodeada de colegios, un hospital y varios barrios residenciales.

Ese mismo día, en la noche, el terror se trasladó hasta Palmira, un municipio contiguo a Cali que, hasta el 2021, apareció durante ocho años consecutivos en el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal de México. El título de la vergüenza parecía haberse disipado en los últimos dos años, hasta que en la noche del viernes varios cilindros bomba estallaron junto al batallón Agustín Codazzi, en una zona urbana rodeada de colegios, canchas deportivas y decenas de restaurantes que, en plena noche de la competencia llamada BurgerMaster, atendían como cualquier viernes.

Allí, también, el miedo circula por WhatsApp. Desde el fin de semana circulan listas interminables de placas de carros, camiones y motos que, según las autoridades, podían estar cargados con explosivos. Era imposible seguir cada alerta. Los reporteros, acostumbrados desde hace décadas a cubrir una guerra que muta de actores e intensidades, pero que parece repetirse eternamente, intentaban informar en tiempo real mientras verificaban rumores, llegaban a las zonas atacadas y buscaban alguna certeza. En medio de esa zozobra, y mientras las autoridades evaluaban medidas como decretar toques de queda o ley seca, el sábado por la noche se jugó el clásico futbolístico entre América y Cali. En las tribunas hubo pocos hinchas; afuera, las carreteras seguían militarizadas y los dos departamentos continuaban atravesados por la violencia.

Otra vez, las miradas apuntan a las disidencias de las FARC. Cada atentado, cada cilindro bomba, cada hostigamiento en el Valle y el Cauca termina con el mismo nombre sobre la mesa: la columna Jaime Martínez, una de las estructuras más fuertes del Estado Mayor Central de Iván Mordisco. Las autoridades señalan a alias Marlon, cuyo nombre es Iván Jacobo Idrobo, su principal cabecilla, como el hombre detrás de la reciente ofensiva armada en el suroccidente del país, desde los ataques en Cali y Palmira hasta la explosión en la vía Panamericana. De él es aliado José Alex Vitoncó, alias Mi Pez, capturado el martes justamente en Palmira.

La otra estructura que aparece en ese mapa de violencia es la Dagoberto Ramos, también del EMC de Mordisco y con fuerte presencia en el norte del Cauca y una larga historia de confrontación con la Fuerza Pública y las comunidades indígenas. Ambas columnas controlan corredores estratégicos para el narcotráfico y se disputan el territorio como si la guerra nunca hubiera terminado. Pero la escena suele repetirse igual: el Gobierno anuncia recompensas millonarias, luego señala a los responsables y refuerza la presencia militar. Y después, el país sigue adelante sin que las capturas de los grandes jefes lleguen, con la sensación de que las disidencias vuelven a ser, una vez más, una explicación incompleta.

Un nuevo atentado con explosivos volvió a sacudir la tarde del martes el suroccidente de Colombia tras registrarse una fuerte detonación en la vía Panamericana que obligó al cierre parcial del corredor vial y generó afectaciones en la movilidad de la zona.

La explosión se produjo a la altura del sector La Agustina, cerca del peaje de Mondomo, en jurisdicción de Santander de Quilichao, en el norte del departamento del Cauca.

Según reportes preliminares, el hecho ocurrió alrededor de las 6:50 p. m., cuando un vehículo tipo furgón explotó en plena carretera y posteriormente quedó completamente incinerado.

Las autoridades evalúan la magnitud de los daños y las posibles causas del atentado, mientras el tránsito se restablece de manera progresiva en este importante eje vial del país.

En videos difundidos por testigos se observa el vehículo envuelto en llamas, mientras conductores alertan sobre la situación. “Acaban de estallar una bomba aquí, en La Agustina, no se metan”, se escucha en uno de los registros captados en el lugar de los hechos.
RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img

Mas

Comentarios