SANTO DOMINGO.-La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció, en el año 1972, el 5 de junio como Día Mundial del Medio Ambiente, en coincidencia con el inicio de la Conferencia de Estocolmo, cuyo tema principal fue precisamente ese.
Para este año el lema de esta jornada es “Un llamamiento mundial a la acción climática”, centrado en el calentamiento global y en las señales que el planeta envía, que más que avisos son verdaderas amenazas de desastres irreversibles, y que ya se están viendo cada vez con mayor intensidad.
Está establecido que cada año un país se convierta en anfitrión para celebrar este día, por lo que este le toca a la República de Azerbaiyán esa función en el mayor evento mundial por el medio ambiente.
Todos los años en esta jornada los organismos internacionales relacionados con la acción climática y las ONG que trabajan en el tema, llaman a la población mundial a adoptar mejores hábitos en el manejo de desechos sólidos, a no arrojar plásticos de un solo uso en ríos, arroyos, cañadas, en el mar y en todas las fuentes de agua.
Pero no basta con eso, también hay que exigir a las autoridades que legislen contra ese material, que dura siglos en degradarse, que contamina absolutamente todo, que atenta contra la fauna de los ecosistemas y genera enfermedades.
El planeta recibe agresiones de todo tipo, desde la tala indiscriminada que arrasa con los bosques y convierte las praderas en páramos, hasta el humo de las industrias y de los tubos de escape de los vehículos en las ciudades.
En nuestro país, además de estas emisiones, sufrimos la acción de las granceras que secan ríos y arroyos, y afectan reservas científicas y antropológicas en contubernio con sectores de poder.
Es cierto que la República Dominicana tiene grandes logros para exhibir en este primer cuarto de siglo de este milenio y la postrimería del del siglo XX, muy especialmente en materia de conservación del Patrimonio Natural Dominicano y especialmente en la cobertura terrestre de las Áreas Protegidas.
En primer lugar, está la contaminación de los ríos Ozama, Isabela, Yaque del Norte, Higuamo, Haina; así como la Presa de Hatillo y Río San Marcos; le sigue la problemática de la extracción de materiales de construcción directamente del lecho de los ríos, como es el caso del Nizao, cuya gravedad ha llamado la atención del propio Congreso Nacional (Senadores y Diputados). Merece igualmente la atención, la degradación acentuada de las cuencas hidrográficas, comenzando por el Río Tireo, siguiendo por Nizao, Ocoa, Las Cuevas y particularmente, la cuenca del Río San Juan, donde se han cometido todos los pecados contra el bosque y sigue en capilla ardiente con la minería.

El rio Ozama está altamente contaminado
Entre los desafíos es indispensable mencionar la problemática de los desechos sólidos, que aun con las mejoras en los vertederos y asomos de construcción de rellenos sanitarios, todavía constituye un verdadero dolor de cabeza, por su secuela de lixiviación e impactos sobre las aguas y los malos olores asociados. Sin agotar la agenda de preocupaciones que debe tener el Ministerio de Medio Ambiente, tenemos que mencionar el asedio de varias áreas protegidas, desde las Dunas hasta Valle Nuevo.
Mientras tanto los polos se derriten, el mar aumenta su nivel y se come poblaciones costeras, el calor aumenta a niveles insostenibles cada año y mientras las grandes potencias, principales contaminadoras, miran para otro lado, un nuevo Día del Medio Ambiente se celebra en tanto que la tierra se encamina hacia su propia destrucción.


