viernes, junio 12, 2026
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Trump anuncia un acuerdo de paz que Irán desmiente

WASHINGTON.-¿Fin de la guerra en Irán? El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio este jueves uno más de sus súbitos bandazos, y uno de los más espectaculares, en la guerra en Irán. Horas después de haber anunciado que sus fuerzas lanzarían una nueva ronda de ataques, la tercera en tres noches seguidas, ha proclamado en las redes sociales que ha cancelado esa decisión porque los dos enemigos ya han aprobado un memorando de entendimiento al que solo falta dar los últimos toques. Más tarde ha apuntado que el pacto podría firmarse incluso este fin de semana, quizá en Europa, y Estados Unidos estaría representado por su vicepresidente, J. D. Vance. Pero Irán insiste en que, aunque la mayor parte del documento ya está finalizado, Estados Unidos “sigue cambiando sus posiciones”.

No es la primera vez que Trump proclama triunfalmente que ya hay un acuerdo pactado y que solo faltan minucias. Pero lo que el presidente estadounidense considera minucias ha acabado resultando en los escollos más graves en la negociación, desde los detalles sobre el programa nuclear iraní hasta el levantamiento de sanciones o la descongelación de fondos iraníes. Los medios estatales o semioficiales en Teherán niegan que esté todo tan cerrado como asegura el estadounidense.

Según la versión del presidente estadounidense, “las negociaciones con la República Islámica se han llevado al nivel más alto del liderazgo iraní y se han aprobado”. Como resultado, “como presidente de Estados Unidos, he cancelado los ataques y bombardeos previstos contra Irán esta noche”, ha escrito el mandatario en su red social, Truth. Más tarde, en un acto en el Despacho Oval, ha indicado que el propio líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, ha dado el visto bueno al memorando de entendimiento: “Tengo entendido que la respuesta es sí”, ha comentado.

Trump asegura —como ha hecho en varias ocasiones desde la entrada en vigor de la tregua actual el 8 de abril, sin que sus pronósticos lleguen a cumplirse— que mientras ambas fuerzas intercambiaban fuego se han producido entre bambalinas grandes avances. “Los debates y los detalles finales han sido, tanto en concepto como en gran detalle, aprobados por todas las partes implicadas, incluidos Estados Unidos, Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Turquía, Pakistán, Baréin, Kuwait, Jordania, Egipto, y otros”, ha escrito.

En el Despacho Oval, ha atribuido esos súbitos progresos a la presión impuesta por los dos días seguidos de bombardeos de sus fuerzas contra objetivos en Irán. “Ellos están tan deseosos como el que más de llegar a un pacto”, ha comentado el mandatario, que a veces se expresa sobre sus rivales en términos que podrían describirle a él.

El republicano no ha escondido su interés en poder pasar página en un conflicto en el que han muerto miles de personas y que se le ha complicado mucho más de lo que él calculaba. Su anuncio ha llegado un día después de que las cifras oficiales revelaran que la inflación en Estados Unidos se ha situado en el 4,2%, la cifra más alta en tres años, impulsada por las drásticas alzas en los precios de la energía.

A raíz de su declaración, el barril de petróleo llegó a bajar de los 90 dólares (unos 78 euros), el nivel más bajo desde el comienzo de la guerra. Wall Street se disparó este jueves, con el índice tecnológico Nasdaq avanzando algo más del 2%.

La declaración de Trump llegaba después de haber endurecido sus amenazas contra un Irán al que intentaba presionar con la fuerza para que aceptara sus condiciones para un alto el fuego. Tras dos jornadas seguidas de ataques en el sur y oeste del país adversario, a las que Teherán ha respondido con lanzamientos de proyectiles contra bases militares en Kuwait y Baréin, este jueves había advertido de que los bombardeos continuarían, y “muy duros”, esta noche. También había asegurado que se plantea tomar la isla de Jarg, a unos 30 kilómetros de la costa iraní y su gran centro petrolero en la parte norte del golfo Pérsico, y apoderarse del sector energético de Irán, como “hemos hecho en Venezuela”. Preguntado si mantiene esa amenaza, ha respondido que dependerá de lo que ocurra con el memorando de entendimiento.

Tras aquella retórica agresiva se encontraba un giro en la estrategia de la Administración de Trump, que sostenía que la intención no es retomar la guerra abierta de los primeros dos meses del conflicto, sino acelerar la presión a Irán para que acepte las condiciones de Estados Unidos, firme un acuerdo de paz y el presidente estadounidense pueda por fin, como desea ardientemente, pasar página a un conflicto que se le ha complicado mucho más de lo que imaginó. El Banco Mundial ya ha rebajado sus previsiones sobre el crecimiento global este año al ritmo más bajo desde la pandemia, en un 2,5%.

Aunque una cosa es lo que Trump desease y otra, la realidad. El mandatario asegura que el país adversario se ha quedado sin capacidad ofensiva y que los últimos golpes estadounidenses han terminado de destruir sus defensas. Pero las fuerzas iraníes siguen disparando, y el derribo el lunes de un helicóptero militar Apache en la zona del estrecho de Ormuz —que precipitó la nueva ola de choques— dejó en evidencia que Teherán aún mantiene capacidad de golpear. El régimen teocrático se considera fortalecido por el mero hecho de haber sobrevivido a la fase de hostilidades abiertas y a los asesinatos de muchos de sus líderes, y no ha dado señales de querer ceder.

A la enorme desconfianza entre las dos partes se suman enormes diferencias de posturas. Irán exige alivio de las sanciones y la descongelación de fondos, que Trump sostiene que no está dispuesto a conceder. Y Teherán no quiere renunciar a aspectos clave de su programa nuclear, la condición que el estadounidense insiste en que es indispensable.

Tomar la isla de Jarg

Las amenazas de Trump también se ven obstaculizadas por la dificultad de materializarlas. El presidente estadounidense ya coqueteó en los primeros meses de la guerra con la posibilidad de tomar la isla de Jarg. Las fuerzas estadounidenses llegaron a atacar objetivos en ella, aunque evitaron destruir la infraestructura petrolera. Pero la Casa Blanca acabó desestimando la posibilidad de ocuparla ante lo complejo y lo arriesgado de la operación, y el riesgo de una opinión pública estadounidense en contra.

Invadir Jarg sería relativamente sencillo, pero mantener la presencia militar estadounidense allí sería harina de otro costal. Las tropas que quedaran desplegadas allí estarían expuestas al fuego enemigo desde el territorio continental a unos treinta kilómetros de distancia de la costa. Y como reconoce Trump, los votantes se oponen por completo a un despliegue militar sobre el terreno que pueda costar vidas estadounidenses.

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