Testigo del tiempo / J.C. Malone
Todo discurso encierra dos discursos, el primero es manifiesto, lo que dice quien habla, y el segundo, es latente, no se menciona, pero impulsa, motiva el primero. Quien pide agua, por ejemplo, confiesa implícitamente que tiene sed. Cuando Jesús crucificado dice “tengo sed”, discurso manifiesto, los guardias respondieron al discurso latente, le dieron de beber.
Cuando un político pide unidad, implícitamente admite la división.
El presidente Luis Abinader fue a la Comisión Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM) a pedir unidad partidaria, como discurso manifiesto. De manera latente, el gobernante confesó la división del PRM. Nadie pide lo que tiene, todos pedimos lo que necesitamos, lo que no temenos, lo que nos falta.
Pedir la “unidad” del PRM, una organización que nació de la última división del extinto Partido Revolucionario Dominicano (PRD), es ignorar lo que podríamos llamar la epigenética política.
El PRD se dividió en 1973, nació el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Del PRD después salió La Estructura, después el Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS). El PRM es el último vástago de esa división.
Abinader, y nosotros, sabemos por qué él pide unidad.
Después de dos períodos de gobierno (1978-86) el PRD quedó dividido, y sus funcionarios huyeron de la justicia, Abinader agota su segundo período gubernamental, parece presentir algo. La división está en todos los genes del PRM. Y Abinaer, quizá de manera inconsciente, claro, la fomenta al llenar su gobierno de ministros sin vida partidaria, gente que no conoce las bases de ese partido.
La “unidad” para Abinader es que las bases partidarias, la gente de “abajo”, se mantengan siempre prestas a hacer lo que él, y sus socios millonarios decidan. El presidente Abinader se propone dos misiones absolutamente imposibles. Quiere negar la información genética del PRM que lo condena a la división; y también busca asegurar que “los de abajo” apoyen incondicionalmente a los de arriba.
Sin esa unidad imposible, la gobernabilidad peligra. Con esa unidad, “los de abajo” se condenan a quedarse abajo mientras los de arriba comparten sumas alucinantes.
Mientras más llama a la unidad, más se divide el PRM, es la realidad de Abinader.

