Por; Lency Alcántara
El uso de métodos disciplinarios violentos sigue estando alarmantemente arraigado en la crianza de la niñez dominicana.
Según los datos de la encuesta ENHOGAR-MICS 2025, el 54.9% de los niños y niñas de 1 a 14 años fue sometido a algún tipo de disciplina violenta (agresión psicológica o castigo físico) durante el mes anterior al estudio. El 37.9% experimentó castigo físico directo, mientras que un preocupante 2.5% sufrió de castigo físico catalogado como severo. Esta realidad se ve reforzada por las creencias de los propios cuidadores. El 12.1% de las madres o tutores encuestados afirmó creer firmemente que el castigo físico es un recurso necesario para educar o criar correctamente a los menores.

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Estas posturas evidencian que la violencia física se sigue validando socialmente como una herramienta pedagógica en el entorno familiar. Las brechas socioeconómicas y geográficas marcan diferencias notorias en la aplicación de estas prácticas nocivas.
En las zonas rurales, el porcentaje de niños que sufre disciplina violenta escala al 56.6%, en comparación con el 54.3% reportado en la zona urbana. Asimismo, la incidencia es significativamente mayor en el quintil de riqueza más pobre, alcanzando al 60.3% de los infantes, frente a un 41.4% en las familias del quintil más rico.
El nivel educativo de las madres también juega un papel determinante en la erradicación de estas conductas. El estudio demuestra que el 56.1% de los niños cuyas madres solo poseen educación preescolar o inicial fueron víctimas de métodos violentos, una cifra que desciende al 51.4% cuando las progenitoras cuentan con estudios universitarios o superiores. La falta de herramientas pedagógicas alternativas correlaciona con una crianza más punitiva.


