El resultado fue un fracaso rotundo. La ciudadanía respondió con indiferencia, dejando en claro que el país sigue en rebeldía, firme en su demanda de libertad y cambio político. Pero la esperanza no se limita a la diáspora.
Dentro del país también se multiplican las concentraciones de trabajadores, pensionados y ciudadanos comunes que reclaman lo elemental: libertad y salarios dignos. Ese clamor demuestra que Venezuela no cae en trampas ni acepta resignadamente la opresión.
Al mismo tiempo, el país sigue siendo víctima de otro crimen silencioso: la devastación ecológica.
Con pruebas irrefutables, María Corina Machado ha denunciado ante el mundo que en el estado Bolívar continúa el saqueo ambiental que simboliza el fracaso del socialismo del Siglo XXI.
- ●Selvas arrasadas,
- ●ríos contaminados,
- ●comunidades indígenas desplazadas,
- ●empresas destruidas
- ●y una riqueza mineral explotada sin control.
Todo ello ocurre en el Arco Minero del Orinoco, una región estratégica que alberga bauxita, hierro, oro, tierras raras y otros recursos que podrían contribuir al desarrollo del país, pero que hoy alimentan redes de corrupción y devastación ambiental.
Conviene entonces mirar la realidad sin falsas ilusiones.
Tres meses después de la captura del dictador Maduro, la crisis venezolana sigue profundizándose. El Palacio de Miraflores parece haber mutado de sede del poder a escenario de intrigas y ceremonias políticas que anuncian el ocaso de un régimen agotado.
Delcy Rodríguez tiene ahora una tarea que la historia no olvidará: terminar de desmontar el andamiaje de la tiranía que ella misma ayudó a construir.
Más allá del rastrerismo y las intrigas palaciegas, se confirma, dentro y fuera de Venezuela, que la crisis del país no tendrá salida mientras no se abra una verdadera transición democrática.
Lo saben los venezolanos que han padecido estos años. También se entiende cada vez con mayor claridad en Europa, en América y en muchas capitales del mundo democrático.
Sin libertad política y sin instituciones legítimas nacidas del voto ciudadano, Venezuela no podrá recuperar la seguridad jurídica, ni la confianza internacional, ni la estabilidad económica.
Y esas son las condiciones indispensables para que Venezuela vuelva a levantarse de sus ruinas. Porque, a pesar de todo, nuestro país sigue siendo una nación con uno de los potenciales más extraordinarios del planeta. Cuando llegue la alborada democrática —y llegará— Venezuela no será recordada solo por la tragedia que padeció, sino por la dignidad con la que su pueblo decidió resistirla.
Antonio Ledezma:
Premio Sajarov (Parlamento Europeo), Premio Defensa DDHH (Congreso de los EEUU), Premio Human Rights and Democracy, Ginebra., Premio Cortes de Cádiz. Premio Foro España Cívica.


