CARACAS.-Hay una fotografía que resume el giro de 180 grados que vivió Venezuela en enero de 2026. En ella aparecen sonrientes el director de la CIA, John Ratcliffe, y el mayor general Gustavo González López, entonces jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y comandante de la Guardia de Honor Presidencial.
La imagen condensa la transformación del país: el mismo hombre que durante años dirigió el aparato represivo chavista posa ahora junto al director de la agencia que ese aparato invocaba como enemigo supremo.
Este miércoles, Delcy Rodríguez destituyó al general en jefe Vladimir Padrino López del Ministerio de Defensa, poniendo fin a más de una década al frente de las Fuerzas Armadas venezolanas. Su sustituto es González López, que da así el salto al cargo de mayor rango del aparato militar. El ascenso es el último episodio de una carrera construida sobre la capacidad de sobrevivir a todo.
Hugo Chávez lo designó director del Metro de Caracas en 2006, primer signo de su integración al círculo de poder chavista. Volvió luego al escalafón militar: comandó la Quinta División de Infantería de la Selva, dirigió la Milicia Bolivariana desde 2011 y asumió la dirección del SEBIN en febrero de 2014, en plena ola de protestas que dejó decenas de muertos y al opositor Leopoldo López encarcelado.
Al frente del SEBIN, González López acumuló denuncias por torturas, detenciones arbitrarias y violaciones a los derechos humanos que derivaron en sanciones internacionales. En 2015, el gobierno de Barack Obama fue el primero en traducir esos señalamientos en sanciones. Maduro lo ascendió a ministro del Interior, Justicia y Paz, declarando que lo nombraba “con el premio del Imperio americano”.
En 2017, Canadá se sumó por su papel en la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. Un año después, la Unión Europea lo incluyó en su lista negra por el deterioro del Estado de derecho en Venezuela. Un informe de expertos de la ONU lo señaló por su presunta responsabilidad en abusos cometidos en los organismos de inteligencia.
La primera caída llegó en octubre de 2018, tras la muerte en custodia del concejal opositor Fernando Albán Salazar en el SEBIN, calificada de asesinato por organismos internacionales. González López fue apartado del cargo. Reapareció en mayo de 2019 tras la deserción del director Manuel Ricardo Cristopher Figuera durante el alzamiento del 30 de abril. Maduro lo restituyó por cadena nacional desde Miraflores: “Quiero saludar al nuevo director del SEBIN, siempre en combate, siempre activo”. Permaneció cinco años más en el cargo.
En octubre de 2024 fue reubicado en Petróleos de Venezuela (PDVSA) como intendente de Asuntos Estratégicos. Analistas leyeron el movimiento como un distanciamiento de Diosdado Cabello, figura a la que históricamente había estado vinculado, y como una forma de conservar influencia desde un perfil más bajo.
El 6 de enero de 2026, tres días después de la captura de Maduro por fuerzas especiales estadounidenses en Fuerte Tiuna, Rodríguez lo designó al frente de la DGCIM y la Guardia de Honor Presidencial. Diez días más tarde se reunió en Caracas con el propio Ratcliffe, según fuentes del gobierno estadounidense. La agenda incluyó cooperación en inteligencia y el compromiso de que Venezuela dejara de funcionar como refugio para narcotraficantes.
The Wall Street Journal reveló que la CIA reclutó desde agosto de 2025 a un informante dentro del círculo íntimo de Maduro, dato clave para localizarlo antes del operativo del 3 de enero; las fuentes no identificaron a esa persona, aunque la rapidez con que González López fue nombrado horas después y su protagonismo como interlocutor de Ratcliffe no pasaron desapercibidos.


