DAJABON.– El rugido del agua volvió a sembrar el miedo en la parte baja de La Vigía. El río Masacre rompió su cauce y avanzó sin tregua sobre las parcelas agrícolas, dejando bajo agua el esfuerzo de meses de trabajo y poniendo en peligro la alimentación y el sustento de decenas de familias.
El arroz estaba en espiga, una etapa delicada y determinante. Bastaban pocas horas bajo el agua para que la cosecha se perdiera casi por completo.
Alrededor de 80 productores resultaron impactados, especialmente en el tramo comprendido desde La Vigía hacia arriba. Allí, el arroz ya mostraba su promesa dorada, una promesa que estuvo a punto de ahogarse bajo la corriente.
Maquinaria contra la corriente
La reacción no tardó. Equipos pesados del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI), en coordinación con la Dirección General de Desarrollo Fronterizo (DGDF), comenzaron a trabajar en menos de 48 horas.
El ingeniero Rafael Méndez González, encargado del INDRHI en Dajabón, explicó que la intervención se centra en dos frentes urgentes: reforzar el muro en el punto donde el río rompió y corregir un banco de arena que está desviando con fuerza la corriente hacia la curva más vulnerable.
No es la primera vez que el Masacre deja cicatrices. En episodios anteriores, la fuerza del agua arrastró el dique de Caño Frío y llenó de sedimentos los canales de riego, afectando seriamente la infraestructura hidráulica y multiplicando las pérdidas.
En La Vigía, el sonido de las retroexcavadoras compite con el murmullo del río. Es una carrera contra el tiempo. Una batalla silenciosa donde lo que está en juego no es solo arroz, sino el sustento de familias enteras en esta franja fronteriza.
Los trabajos continúan. Y con ellos, la esperanza de que esta vez el Masacre no vuelva a romper.


