
Se comenta que el presidente Luis Abinader, visiblemente indignado, habría revocado un decreto, mediante el cual en 2024 se condecoró al agente de la DEA, Melitón Cordero, recientemente detenido en Estados Unidos por presuntos actos de corrupción.
Si esto se confirma, deben rodar cabezas en la República Dominicana.

Alguien engañó al Presidente y lo condujo a firmar una medida vergonzosa: otorgar una alta distinción del Estado a un presunto delincuente.
No es la primera vez que la dignidad se pone por encima del poder.
Se recuerda que en 1985, el ya fallecido José Rafael Abinader, padre del actual mandatario, rechazó una condecoración presidencial al enterarse de que entre los homenajeados figuraba una persona bajo investigación por vender libretas de pasaportes dominicanos a terroristas libios, documentos sustraídos del Consulado dominicano en Venezuela.
Así se honra la ética.
Así se defiende el nombre.
Que se investigue y se hable claro
Nómina fantasma
Circula en redes un video en el que supuestamente aparecen líderes históricos dominicanos incluidos en una nómina fantasma del Ministerio de Educación, donde figuran personas ya fallecidas cobrando cientos de miles de pesos mensuales.
Esto se parece, a un acontecimiento que ocurrió entre los años 1986 y los 90s, cuando miles de dólares en multas y penalidades fueron registrados injustamente en la División de Vehículos de Motor de New York, usando los nombres de Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez, Joaquín Balaguer y hasta de los Padres de la Patria.
Licencias, registros de vehículos de lujo, multas acumuladas… todo a nombre de personas fallecidas o vivas, mientras el fraude continuaba impunemente, en tiempos en que la administración local demócrata controlaba la Alcaldía de Nueva York, entidad responsable del transporte y la seguridad vial.
La globalización del crimen es real, y hay dominicanos que actúan con una originalidad tan temeraria como perversa acción.
Tan grave fue el desorden, que hasta mi nombre y mis datos personales fueron utilizados: aparecieron cientos de multas asociadas a vehículos de alta gama registrados sin mi autorización, durante los años noventa, en una ciudad entonces degradada moral y humanamente, etapa felizmente superada.
¡Qué pena! ¡Qué vergüenza!
Exijo que se investigue a fondo la veracidad de estas denuncias.
Si alguna vez dominicanos en Nueva York usaron los nombres de nuestros líderes para registrar vehículos, evadir multas y delinquir, dañando su legado, el país merece saberlo.
El silencio también es cómplice.
Y el látigo… no perdona.00


