Mientras llegan reconocimientos internacionales, el campo agoniza, crecen las denuncias de corrupción y los dominicanos enfrentan inseguridad, despojos de propiedades y un preocupante deterioro institucional.
El presidente Luis Abinader tiene que aterrizar y despertar. Los galardones otorgados por la ONU, la FAO y otras instituciones internacionales no pueden divorciarse de la realidad que viven diariamente miles de dominicanos.
La producción agrícola nacional atraviesa una situación crítica. Las importaciones masivas y lo que productores consideran una competencia desleal están golpeando al campo dominicano y colocando a numerosos agricultores contra la pared.
El Gobierno recibió advertencias a tiempo. En el caso del arroz y el DR-CAFTA, hubo sectores que alertaron sobre las consecuencias de la entrada gradual de productos importados y reclamaron medidas para proteger la producción nacional. Hoy, los productores enfrentan una competencia que consideran cada vez más difícil de sostener.
Y a esto se suman denuncias sobre supuestas irregularidades y actos de corrupción en el Ministerio de Agricultura, relacionadas con fertilizantes, importaciones y otros procesos. Si existen evidencias, que se investigue y que haya consecuencias. Lo que no puede ocurrir es que las denuncias se acumulen y nadie responda.
La inseguridad cambia de rostro
La inseguridad también continúa golpeando a la población.
A los robos y atracos se agregan denuncias sobre una modalidad particularmente preocupante: el supuesto despojo de propiedades inmobiliarias pertenecientes a familias humildes y de clase media.
Familias que pasan décadas pagando una vivienda pueden encontrarse, de repente, con documentos cuestionados, títulos presuntamente falsos o procesos en los que aparecen personas con poder e influencia.
Cuando una familia denuncia que ha sido despojada de su patrimonio, la respuesta no puede ser el silencio.
Que se investigue quién falsificó, quién firmó, quién facilitó y quién se benefició.
Drogas, armas y puertos bajo la lupa
También preocupan las denuncias sobre el uso de puertos y aeropuertos dominicanos para el trasiego de drogas, armas y dinero.
República Dominicana no puede convertirse en plataforma de operaciones para organizaciones criminales internacionales.
Y si existen denuncias de que estructuras del narcotráfico extranjero no solo utilizan el país como puente, sino que estarían intentando establecerse en territorio dominicano con apoyo de funcionarios, políticos o miembros de organismos de seguridad, eso merece una investigación profunda e independiente.
No acusaciones al aire.
Pruebas, investigación y consecuencias.
¿Y quién vigila a los que deben vigilar?

También deben mirarse hacia adentro los organismos responsables de combatir el crimen.
Las denuncias sobre corrupción policial, protección a estructuras delictivas y actuaciones irregulares de funcionarios del sistema de justicia no pueden convertirse en un expediente eterno guardado en una gaveta.
Si hay agentes involucrados, que sean investigados.
Si hay fiscales comprometidos, que se determine su responsabilidad.
Si hay políticos involucrados, que respondan ante la Justicia.
Y si las denuncias son falsas, que también quede demostrado.
Porque una democracia seria no funciona con rumores eternos ni con expedientes engavetados.
¡Presidente, despierte!
Presidente Abinader: ¡aterrice y despierte!
Los reconocimientos internacionales son importantes, pero no pueden convertirse en una cortina de humo para esconder los problemas que enfrentan los dominicanos.
El campo necesita protección.
Las familias necesitan seguridad jurídica.
Los ciudadanos necesitan seguridad en las calles.
Las instituciones necesitan transparencia.
Y quienes utilizan el Estado para beneficio propio deben enfrentar las consecuencias que establezca la ley.
No hay galardón internacional capaz de tapar una realidad que golpea diariamente al pueblo dominicano.
Presidente, todavía hay tiempo.
Pero si no se corrigen estas señales de deterioro, podrían llegar largas noches y pesadillas políticas, institucionales y sociales para el país.
¡Que despierte, presidente Abinader, antes de que sea demasiado tarde!

