MEXICO.-En México, caléndulas de un naranja intenso, velas resplandecientes y rostros pintados como las elegantes calaveras conocidas como catrinas llenan las calles de México cada año durante las celebraciones del Día de Muertos.
Aunque las fechas centrales del Día de Muertos son el 1 y el 2 de noviembre, la creencia popular sostiene que las ánimas comienzan su regreso varios días antes, con un orden específico según la causa de muerte de cada difunto. Esa secuencia no responde a una norma religiosa oficial, sino a un calendario transmitido de generación en generación que varía entre comunidades, estados y familias.
Según la tradición, el 31 de octubre está dedicado a los niños que fallecieron antes de recibir el bautismo y a los no nacidos. En la doctrina católica, el limbo era considerado el destino de las almas infantiles que morían sin ese sacramento: un lugar de paz, pero sin la plenitud del paraíso. De ahí deriva el nombre popular de “limbitos” con el que se los recuerda en México.
Nadie sabe cuándo tuvo lugar la primera conmemoración, pero sus raíces están en creencias relacionadas con la agricultura de la época prehispánica de México. Las tradiciones católicas se incorporaron a la celebración tras la conquista española en 1521.

Hoy, las celebraciones se distinguen por desfiles masivos que recorren la principal avenida de la Ciudad de México. Calles, comercios y mercados se cubren de flores naranjas de cempasúchil, que se cree iluminan con sus vivos colores el camino de los muertos de regreso a la tierra. El tradicional pan de muerto llena las vitrinas de las panaderías.
Las familias decoran en sus hogares altares dedicados a sus seres queridos, y colocan dulces, comida y mezcal como ofrendas junto a fotografías de ellos.
En la noche del 1 de noviembre, las familias se reúnen en cementerios de todo el país para reencontrarse con sus muertos, tal como lo han hecho sus antepasados durante siglos.
Pero a medida que esta tradición y la capital mexicana han ganado cada vez más atención internacional, y estados como Oaxaca y Michoacán han visto la entrada de aún más turistas y algunas regiones han experimentado tensiones relacionadas con el turismo excesivo.

En la Ciudad de México, muchos habitantes ven con escepticismo el desfile anual de carros alegóricos decorados con catrinas. La procesión fue creada para la película de James Bond, «Spectre» (2015), y posteriormente se incorporó a las celebraciones de la ciudad, aunque originalmente no formaba parte de la tradición.
En Janitzio, una pequeña isla ubicada en un lago del estado de Michoacán, donde las celebraciones fueron reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008, las autoridades cerraron este año el panteón a los turistas por primera vez. La medida se tomó después de que el consejo comunitario de la isla reportara el colapso de tumbas dañadas, cruces y partes del muro perimetral del cementerio debido a la gran cantidad de visitantes.
Solo se permitirá el acceso a los familiares y amigos de las personas sepultadas allí.

