Por; Lency Alcántara
El 3 de mayo de 1996, José Rafael Llenas Aybar, de apenas 12 años, salió con su primo Mario José Redondo Llenas y nunca regresó. Al día siguiente, su cuerpo fue hallado en el arroyo Lebrón, en el kilómetro 24 de la autopista Duarte, con 34 puñaladas y envuelto en cinta adhesiva.
La brutalidad del hecho y la identidad de los responsables jóvenes de familias acomodadas, conmocionó al país y al mundo.

Así recordaron el asesinato de Llenas Aybar
La pena cumplida y la pregunta incómoda
La salida de Redondo Llenas plantea un dilema social: ¿basta con cumplir la condena para cerrar la herida? Para algunos, la justicia ha hecho su parte y la reinserción es un derecho. Para otros, la magnitud del crimen y el vínculo familiar con la víctima hacen imposible aceptar su regreso sin resentimiento.

El asesinato de José Rafael Llenas Aybar, ocurrido en mayo de 1996,
Impacto social y memoria colectiva
El caso no solo significó la pérdida de un niño, sino la ruptura de la confianza más básica: la traición dentro de la familia.
«Fue un caso muy difícil, yo tenia en ese momento 3 niñas, no las dejaba salir ni al patio solas, tampoco las dejaba ir donde sus familiares fuera de la ciudad«, recordó la señora Neyda Meran.

Arroyo Lebrón
Treinta años después, muchos dominicanos recuerdan cómo el miedo y la desconfianza marcaron la infancia de quienes crecieron en esa época. La cobertura mediática intensa convirtió a José Rafael en símbolo de inocencia perdida y a sus agresores en referentes de la violencia que puede surgir incluso en entornos privilegiados.
Un país dividido
La próxima libertad de Redondo Llenas divide opiniones. Algunos consideran que la pena cumplida debe respetarse como parte del Estado de derecho. Otros creen que el crimen fue tan atroz que la sociedad nunca podrá aceptar su reinserción.


