SANTO DOMINGO.-El silencio de la madrugada en el sector Villa Cerro, en el municipio de Higüey, provincia La Altagracia, se rompió de forma abrupta el pasado domingo 7 de junio.
Lo que comenzó como una fuerte discusión entre paredes familiares terminó convirtiéndose en una de las páginas más oscuras de la violencia de género en la región este de la República Dominicana.
Yarian Chami Cedano Cedano (también identificada por allegados como Yaidy Chamil), una joven mujer de 31 años que albergaba en su vientre una vida de aproximadamente 20 semanas de gestación, encontró la muerte a manos de quien se suponía debía ser su compañero sentimental.
El presunto agresor, Jobel Alberto Peralta Corporán, conocido popularmente en el tejido social bajo el alias de “Bertico”, desató una agresión que dejó una huella imborrable de consternación en la comunidad local.
De acuerdo con los informes médicos preliminares y las primeras pesquisas de las autoridades, el ataque se ejecutó con un arma blanca tipo cuchillo.
La violencia de las heridas propinadas dejó a la víctima en un estado de extrema gravedad dentro de la misma vivienda que compartían, un espacio que pasó de ser un hogar a convertirse en una trágica escena del crimen. Alrededor de la 1:00 de la madrugada del domingo, las alertas se encendieron en el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1.
Un cuchillo de cocina con sangre reposa sobre una mesa de madera rústica junto a una prenda clara, evocando una escena de crimen. (Imagen Ilustrativa Infobae)Una unidad de paramédicos se trasladó de urgencia hacia el sector Villa Cerro para socorrer a la mujer herida. Al llegar al lugar, el panorama era desolador, pero la prioridad absoluta era salvar las dos vidas que se encontraban en un hilo.
Cedano Cedano fue trasladada a toda velocidad hacia el centro de salud local más cercano. El reporte de ingreso de los médicos de turno detalló un cuadro clínico devastador: la paciente presentaba un trauma abierto de tórax provocado por múltiples heridas de arma blanca, sumado a un paro cardiorrespiratorio severo originado por la pérdida de sangre y el shock traumático.
Además, el equipo médico constató con urgencia el estado de embarazo de la víctima. Pese a las maniobras de reanimación avanzada y a los esfuerzos desesperados del personal médico en el área de emergencias, los signos vitales de la joven madre se apagaron definitivamente, llevándose consigo la esperanza del bebé que llevaba en su vientre.
La persecución y la entrega en San Pedro de Macorís
Tras cometer el hecho, “Bertico” de 25 años, emprendió la huida de manera inmediata, logrando evadir temporalmente el cerco policial en Higüey. La Policía Nacional, en coordinación estrecha con el Ministerio Público, activó de inmediato los protocolos de localización y búsqueda a través de sus organismos de investigación criminal. La presión de las autoridades y el peso del asedio comunitario no tardaron en surtir efecto en el círculo íntimo del sospechoso.
El desenlace de la fuga ocurrió el día de ayer, 8 de junio. Al verse acorralado por las labores de inteligencia de la uniformada, Peralta Corporán optó por negociar su entrega. Una vez materializada la entrega voluntaria en San Pedro de Macorís, la Policía Nacional informó a través de sus canales oficiales y redes sociales sobre la captura del prófugo.
Momento en que el joven acusado de quitarle la vida a puñaladas a una mujer embarazada se entrega a las autoridades en Higüey. El hombre era activamente buscado por la Policía Nacional.
Mientras la justicia dominicana inicia sus engranajes, la comunidad de Villa Cerro permanece sumida en un profundo dolor colectivo, exigiendo la pena máxima para un crimen que apagó dos vidas en un solo instante de violencia ciega.
Hasta el 18 de mayo, al menos 30 mujeres en República Dominicana habían perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas.
Al menos 93 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos en la República Dominicana durante 2025 como consecuencia de 59 feminicidios íntimos, de acuerdo con estadísticas de la Fundación Vida Sin Violencia.
La psiquiatra Rebeca López, especialista en niños y adolescentes, advierte que las consecuencias emocionales de estos hechos pueden extenderse durante años y afectar profundamente el desarrollo de los menores si no reciben apoyo adecuado.

“Hay que entender que el niño no solamente está perdiendo a su madre, está perdiendo su figura principal de seguridad, de protección y de referencia afectiva”, explica.
Según la especialista, tras un feminicidio, los menores pueden experimentar miedo intenso, confusión, tristeza profunda, rabia, culpa, sensación de abandono e inseguridad.


