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Messi fue el refugio de Argentina, marcó un doblete frente a Austria y se convirtió en el mayor goleador de los Mundiales

NUEVA YORK.-No todas las victorias son una fiesta. Algunas son una prueba, un examen de paciencia, una de esas tardes en las que el rival te obliga a jugar incómodo, te corre, te aprieta y te lleva a un terreno en el que las certezas valen más que las luces. Austria fue eso para Argentina. Un equipo intenso, físico, agresivo, fiel a la idea de Ralf Rangnick. Un equipo que convirtió el partido en una tormenta permanente; y en medio de ese temporal, cuando había que mantener la calma y esperar el momento justo, apareció el refugio de siempre para la Selección: Lionel Messi.

Porque Argentina no jugó un partido sencillo; todo lo contrario. Fue un duelo de desgaste, de esos que se ganan más con la cabeza que con el talento. Austria presionó arriba, achicó espacios, metió pierna fuerte y llevó cada pelota dividida al límite. Nunca dejó respirar ni permitió que el campeón del mundo se sintiera cómodo. Pero tampoco consiguió sacarlo del partido.

Messi fue el refugio de Argentina, marcó un doblete frente a Austria y se convirtió en el mayor goleador de los Mundiales

Messi entendió antes que nadie por dónde iba la historia, como si tuviera el guion antes que el resto. En el primer tiempo, y luego de fallar un penal, encontró ese espacio mínimo que los genios descubren donde los demás sólo ven piernas y camisetas y convirtió un gol que vale mucho más que un 1 a 0. Porque además de acercar a Argentina a una victoria fundamental, lo convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales con 17 tantos. Otra marca, un nuevo récord, otra página para una carrera (y una historia) que parece empeñada en seguir escribiendo capítulos incluso cuando ya parece haberlo contado todo.

Hubo momentos de buen fútbol también. Una secuencia entre Rodrigo De PaulThiago Almada y Enzo Fernández terminó con David Alaba salvando sobre la línea. Más tarde, Enzo llegó hasta el fondo y encontró a Messi, cuyo remate se fue apenas ancho. Después fue Nicolás González quien anticipó en un córner y casi amplía la ventaja. Situaciones suficientes para demostrar que, incluso en una noche áspera, la Selección nunca dejó de buscar.

Porque este equipo tiene algo que no siempre aparece en las estadísticas. Sabe interpretar los partidos; entiende cuándo acelerar y cuándo resistir, cuándo tocar y cuándo sufrir. Y eso también es una forma de jugar bien porque no todas las victorias se construyen desde el brillo. En cambio, algunas se edifican desde la madurez.

CRACK ABSOLUTO. Lionel Messi llegó a los 18 goles mundialistas y condujo al campeón del mundo hacia los 16avos del Mundial 2026.CRACK ABSOLUTO. Lionel Messi llegó a los 18 goles mundialistas y condujo al campeón del mundo hacia los 16avos del Mundial 2026. FOTO/AFP

Austria representó uno de esos rivales incómodos que suelen aparecer en los Mundiales. Equipos que tal vez no tienen el cartel de los candidatos, pero que obligan a jugar al máximo durante 90 minutos. No regaló nada el equipo europeo. Corrió todo, peleó todo e hizo del partido una batalla física. Tremenda. Por ese motivo la victoria adquiere todavía más valor.

Y cuando el partido se consumía y Austria ya iba empujada más por el orgullo que por las piernas, apareció la última imagen de la noche. Argentina salió de contra, Julián Álvarez desperdició un mano a mano y a Messi le sacaron una pelota sobre la línea. Parecía que esa secuencia frenética se apagaba ahí. Pero el capitán tenía guardada una intervención más. En tiempo agregado, volvió a aparecer para marcar el 2 a 0, firmar su doblete y dejar otra marca para la historia. Porque además de conducir a la Selección a los 16avos de final y dejarla a un paso del primer puesto en el grupo J, elevó a 18 su cosecha mundialista y agrandó todavía más una obra que hace tiempo dejó de pertenecerle solamente a él.

Porque las tormentas no siempre se atraviesan corriendo. A veces se atraviesan esperando, resguardándose y manteniendo la calma hasta encontrar una luz. Y en esta oportunidad Argentina la encontró otra vez donde casi siempre la encuentra. En Messi.

Austria quiso que la noche fuera una batalla y Argentina aceptó el desafío. Y cuando el viento sopló más fuerte, cuando el partido pedía cabeza fría y paciencia, apareció el refugio de siempre. El faro seguía ahí; y otra vez alcanzó para atravesar la tormenta.

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