
Por Salvador Holguín, diciendo lo que otros callan.
Muchos preguntan si fue que la sociedad cambió, y sí, ya nada es igual que antes. La política, las decepciones, las traiciones y las experiencias vividas nos enseñaron una lección que jamás olvidaremos: aprendimos a dar lo mismo que recibimos, porque en política no siempre el que más da es el que más recibe. Y esa lección, aunque resulte paradójico, nos la enseñaron mi amigo y hermano, el presidente de la República, Luis Rodolfo Abinader, y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), después de todo lo vivido en los procesos políticos y electorales de 2020 y 2024.
Hemos aprendido que ceder siempre no nos hace mejor persona ni mejor aliado. Ya lo había experimentado en 2019. Ceder demasiado, callar demasiado, comprender demasiado y sacrificarse demasiado puede terminar convirtiéndose en una invitación para que te lastimen, te decepcionen y, finalmente, te traicionen.
Quienes realmente me conocen saben cómo soy. Cuando alguien me valora, me reconoce, me respeta y me apoya, doy todo de mí. Me entrego sin dobleces, sin medias tintas y sin condiciones, con la esperanza y la fe de que, cuando llegue el momento de alcanzar el objetivo, esa persona también sabrá valorar, distinguir, respetar y tomar en cuenta a quien estuvo a su lado cuando todavía el camino era difícil. Pero también aprendí algo: si me fallan, respondo en el mismo nivel y, en ocasiones, con mayor firmeza, utilizando legítimamente todo lo que tengo a mi alcance.
Algunos cometen el grave error de buscarme defectos y hasta restregarme en la cara que supuestamente “es difícil conmigo”, quizás porque resulta más cómodo cuestionar mi carácter que reconocer lo que representaron mis aportes cuando necesitaban voces, medios, espacios y comunicadores dispuestos a jugársela por una causa política.
Cuando muchos no tenían medios de comunicación ni periodistas dispuestos a asumir riesgos por ellos, Salvador Holguín y el Grupo de Medios Hilando Fino sí eran importantes, necesarios y determinantes. Cuando había que defender, comunicar, enfrentar, denunciar, promover y abrir espacios para contribuir a subir las escalinatas del Palacio Nacional, ahí estábamos. En aquel momento servíamos, éramos buenos e importantes. Necesitaban nuestros micrófonos, cámaras, plataformas, relaciones, credibilidad, influencia, valentía y capacidad de comunicación. Pero llegaron al gobierno y todo cambió.
Una vez instalados en el poder, algunos de quienes colaboraron comenzaron a resultar incómodos. Los que ayer eran necesarios, hoy parecen ser los peores para ser tomados en cuenta. Llegaron la marginación, el menosprecio, las decepciones, las traiciones, el intento de pisotear dignidades y el alejamiento deliberado del entorno y de los círculos de poder.
¿Para qué? Para no reconocer compromisos, aportes, entrega, dedicación, coraje, valentía y sacrificios realizados cuando todavía alcanzar el poder era solamente una aspiración. Las mismas viejas artimañas y el mismo modus operandi que durante años criticamos del viejo PRD. Por esa razón, políticamente nos retiramos con honores, con la frente en alto, sin bajar la cabeza ante nadie y con la enorme satisfacción del deber cumplido. Hicimos nuestra parte para contribuir al proceso de cambio que entendíamos necesitaba la República Dominicana. No me arrepiento de haber ayudado, de haber creído ni de haber luchado, pero tampoco cometeré tres veces el mismo error.
A partir de ahora, solo estaré con quien esté conmigo. Seré de quien sea para mí. Aportaré a quien me aporte. Apoyaré a quien me apoye. Y me la jugaré por quien esté dispuesto a jugársela por mí. Se acabaron las promesas falsas, los discursos vacíos, los abrazos políticos, las ofertas demagogas y las palabras bonitas que desaparecen cuando se alcanza el poder. Ahora serán los hechos los que hablen.
Sé que algunos entienden que quienes ayer fuimos importantes y determinantes para la causa hoy ya no lo somos. El poder muchas veces produce amnesia, hace olvidar sacrificios y convence a algunos de que nunca volverán a necesitar a quienes estuvieron ahí cuando todavía no tenían nada que repartir.
El tiempo será quien coloque cada cosa en su lugar. Yo seguiré caminando con dignidad, independencia y la cabeza erguida, porque los cargos pasan, los gobiernos terminan y el poder nunca es eterno. Y a quienes hoy creen que ya no necesitan a aquellos que estuvieron cuando más los necesitaban, solamente les dejo una vieja enseñanza que la política dominicana conoce demasiado bien: Cuando pasen los nublados, contaremos las estrellas…

